Alicante Mágico 2010
1) Tres, eran tres…
Quizá hacer balance sea empezar por el final; pero esta crónica tiene tal final que será imposible escribir nada después… Aunque, como diría la Alicia de Carroll, “no puede haber nada después del final, porque entonces el verdadero final sería lo que va después del final… ¡qué lío!”

El caso es que aquí estamos, dos años después del primer Alicante Mágico. Cuando viajábamos hacia Alicante, aquel viernes de julio de 2008, estábamos todos seguros de que íbamos a participar en algo que, si no iba a ser “histórico” (Gea sonreía ante tanto entusiasmo), seguro que iba a ser “grande”. El programa de galas y de conferencias era, sencillamente, brutal. Y brutal fue el resultado, al menos desde el punto de vista del casi centenar de magos que tuvimos la suerte de disfrutarlo.
La duda que muchos expresaban, en aquel momento, era la de la continuidad del proyecto. ¿Podría mantenerse un certamen así con periodicidad anual, sin perder sus señas de identidad y el nivel de su primera edición? ¿Hay en España –y en el entorno cercano- suficientes magos para completar cuatro o cinco conferencias interesantes anuales sobre magia de cerca?
El segundo año, sin embargo, vino rodado del éxito del primero. Además, Ángel acertó tanto con los nombres propios –unos nuevos, otros veteranos- como con la decisión de dar un peso fuerte a la numismagia, frente al que habían tenido los naipes en la primera edición. Resultado: el número de inscripciones casi se duplicó. Prueba superada. Alicante Mágico no había sido flor de un día.
Pero el problema estaba en el tercer año. En el cine, una segunda parte es una secuela; pero para que haya una saga se necesita al menos llegar a la trilogía. Y, si no se quiere cerrar el quiosco con la tercera entrega, hay que dejar al espectador con ganas de más. ¿Conseguiría Ángel superar la prueba, en plena crisis económica? ¿Saldrían los magos inscritos a la tercera edición sintiéndose afortunados por “haber estado” allí?
Estoy convencido de que el “¡¡sí!!” será unánime, si se encuesta a los asistentes; mereció la pena estar allí. Y, lo que es más significativo: ya se empiezan a escuchar los lamentos de quienes no han ido. Porque, aunque el balance puede ser irregular, entre la tarde del jueves y la noche del sábado (¡menuda noche!) hubo charlas y galas realmente irrepetibles.
Así que hoy podemos decir que Ángel Valera ha consolidado el sueño que tuvo aquel día en que decidió llevarse a Alicante a los integrantes de cierta gala clandestina que –quizá- se había celebrado una noche madrileña. Ángel, como George Lucas cuando terminó “El retorno del Jedi”, tiene ya su primera trilogía. Y, lo que en el cine son Luke, Han Solo, La Princesa Leia, Yoda, Darth Vader, C3PO, R2D2, Obi Wan Kenobi o Chewbacca, en Alicante son –no se busquen paralelismos- Ángel, Bárbara, Gabi, Ricardo Rodríguez, Jose QueSoyYo, Miguel AJO, Javi Santos, Ana Sánchez (la “fotógrafa oficial”, colaboradora imprescindible en estas crónicas), Woody Aragón, Gea, Perete… y el “invisible” Daroca, que aunque se sabe el truco para no salir en las fotos nos consta que no se ha perdido ni una edición del certamen.

En una entrevista, Ángel dijo el año pasado algo parecido a esto: “La magia le gusta a todo el mundo, aunque muchos no lo saben porque no la ven”. Hoy, lo justo es felicitarle por su intuición, y agradecerle su empeño por llevarla a cabo. Porque lo ha logrado. Tres años después, gracias a él muchas personas han descubierto que les gusta la magia. Y -lo que me interesa más señalar- gracias a Ángel muchos magos han descubierto que no les gusta la magia, sino más bien… la buena magia, la magia grande, la magia de los verdaderamente mejores. Así que, Ángel: gracias, enhorabuena, y… ¡a por tu siguiente trilogía!
2) El bisnieto de Hofzinser
Pero vayamos al principio. Mañana del jueves, 1 de julio. Bajamos a Toledo, y tras recoger a Woody y Mari Carmen, ponemos rumbo al este. Un viaje muy ameno, en el que Emilio nos cuenta maravillas del Mental Conclave recién celebrado y nos muestra, en la sobremesa, la rutina que está tramando con su variante de la “baraja proteica” (también llamada “baraja maravillosa”) de Hofzinser. ¡Quién nos iba a decir que unas horas después Ricardo Rodríguez nos transportaría mágicamente a la Viena de 1850, para regalarnos una velada mágica inspirada en aquellas que Hofzinser ofrecía a la aristocracia vienesa!
El viaje dio para mucho más, porque Woody ha vivido ya muchas aventuras mágicas y porque las sabe contar bien. Aunque de este viaje quizá se quede con un par de recuerdos desagradables: el fallecimiento de su abuela, que les obligó a volverse a Toledo antes de tiempo, y el arañazo que le produjo en el cuello el cinturón de seguridad cuando, por frenar tarde en un semáforo alicantino, alcancé al coche que me precedía. Además de mandar un abracete (como él dice) a Woody, voy a tener que admitir que mi coche y Alicante no se llevan bien: me pierdo, me choco, me dan cólicos nefríticos al volante… Y lo peor: todavía no sé qué ruta hay que tomar para ir del hotel Abba hasta el Palacio de Congresos; ¡cada vez me pierdo por un camino distinto!

En el Abba –fantástico hotel, por cierto- había ya mucho ambientillo. Tras saludar a Ángel, Kiko Pastur y Daroca, instalarnos y darnos una ducha, bajamos al saloncito en el que iba a comenzar la fantástica sesión “hofzinseriana” del grandísimo Ricardo Rodríguez. ¡No podía empezar mejor Alicante Mágico!
Decir que Ricardo estuvo impecable es no decir nada; siempre lo está. Lo que para mí marca la diferencia entre unos días y otros es su fuerza, su carácter. Cuando Ricardo se crece, se come el mundo; ¡y aquella noche estaba crecidísimo! La sesión, cuidada al detalle; un programa de mano nos saludaba, nos presentaba a Ricardo y nos anunciaba las rutinas que constituirían las dos partes en que se dividía la sesión. Y, por cierto, qué detalle tan inusual y tan de justicia: junto al nombre de cada rutina se especificaban los de sus creadores o inspiradores. Eso es hacer las cosas bien, sí señor.
La ambientación, muy acogedora; parecía que Ricardo nos recibía en el salón de su casa. El anfitrión, excelente: amable, exultante, bromista… Y, lo más importante: la magia, del máximo nivel. Cartomagia, fundamentalmente, enriquecida con la espléndida rutina del cubilete, con la producción de la botella de vino y con el milagroso –para mí, desde luego- viaje del billete a la bombilla. También me llamó la atención el uso que Ricardo hace de los “falsos juegos”, situaciones en las que parece que está iniciando un efecto y en realidad está preparando una broma (la guía de teléfonos, la espectadora que levanta “voluntariamente” la mano…).

La cartomagia, un claro homenaje a Hofzinser en el que yo destacaría la diabólica estructura de “En todas partes… y en alguna” y, sobre todo, los limpísimos “Ases ante notario” (que cada vez me gustan más, y mira que me gustaron la primera vez que los vi, aquella noche mítica con Lucía en la Plaza de las Artes). La rutina final, “Arte de cartografía”, un poético e inteligente homenaje a Borges con algún problema de visibilidad (quizá una parte de la solución sea cambiar el dibujo de la portada del programa de mano, sustituyéndolo por el “mapa” del anciano cartógrafo).
En definitiva, una sesión “de diez”, con clara estructura dramática, en la que lo único que estaba de más era el adjetivo “pequeño” -que tan injustamente suele Ricardo aplicarse a sí mismo-. De diez, insisto. Aunque, según dijeron los asistentes al segundo pase, en éste Ricardo estuvo… ¡todavía mejor! Tan bien que hasta Javi Santos, pensando en su propia actuación del sábado, tuvo la tentación de salir huyendo para que no le comparasen con Ricardo… ¡Menos mal que no lo hizo!
3) Autorretrato
Al finalizar esta edición de AM, Ángel me pidió una rápida impresión de cada una de las galas y conferencias. En lo que se refiere a la de Jose y al seminario de Gabi, le dije: “ambas son de diez, pero les tengo que dar muchas vueltas todavía”. Porque hay conferencias que te llevas puestas durante un tiempo, como una gorra que te compras en un mercadillo, y conferencias que te revuelven por dentro y te transforman, como si te vacunaras contra el sarampión.
Escuché por primera vez la conferencia de Jose QSY el pasado 15 de marzo, en la SEI de Madrid. Tomé bastantes notas, lo que significa que Jose había expuesto muchas ideas interesantes, además de explicar rutinas muy buenas. No obstante, en lo que al balance global se refiere me quedé con un extraño sabor de boca; aunque debí ser el único, porque a mi alrededor escuchaba impresiones del tipo “es la mejor conferencia que he escuchado en mi vida”. Intenté comprar las notas, pero se agotaron en seguida. Así que decidí esperar a Alicante, para ver si encontraba el “noséqué” que me faltaba…
Y llegó mi segunda oportunidad. Aunque, dado lo minucioso que es Jose para preparar sus conferencias, no cabía esperar algo distinto en él: mi esperanza era la de cambiar yo, escucharla de forma que pudiera captar “aquello” que no me cuadraba. Pero lo único diferente respecto a Madrid fue la escenografía: la sala estaba a oscuras, con la excepción del cañón iluminando a Jose, y la pantalla gigante mostraba con claridad el tapete y las manos del mago. Para mi gusto, lo que se ganaba en estética se perdía en comunicación; la oscuridad dificultaba en gran medida el tomar notas, y el cañón que iluminaba a Jose le cegaba, impidiéndole ver las caras de sus oyentes.

Mis primeras impresiones, por tanto, eran muy parecidas a las que tuve en Madrid: el contenido tenía una calidad muy alta, pero me faltaba comprender el eje central: ¿qué nos quería transmitir Jose en esta conferencia? ¿Qué “hilo conductor” daba estructura a la media docena de excelentes rutinas, a los manejos explicados y a las interesantes propuestas teóricas? Las notas, segunda edición de las publicadas hace cuatro años, recogen detalladamente casi todos los juegos de la conferencia, añadiendo a cada uno -a modo de prólogo- un breve texto de Beatriz Martínez que intenta expresar poéticamente alguna de las sensaciones que provocan esos efectos en los espectadores. Pero, salvo en la última página, las notas no acaban de entrar explícitamente en varios de los aspectos teóricos propuestos por Jose al exponer la charla.
Total, que mi mente cuadriculada de profesor de ciencias echaba de menos un esquema, un propósito global, una construcción de la propia conferencia. Y, finalmente, he descubierto que el error era mío: no había tenido en cuenta las palabras iniciales de Jose: “las conferencias son para conocer al mago, para saber cómo es, cómo piensa y cómo entiende la magia, más que para incorporar sus juegos a tu repertorio”.
No sé si los cinco párrafos precedentes aportarán algo al lector; si los ha leído será porque he decidido mantenerlos. Y si así ha sido es con la intención de que no caiga en mi mismo error. La conferencia debe verse como un retrato del propio Jose QSY, de su forma de construir una rutina a partir de un juego sencillo o de una idea seductora, de sus ideas para hacer más limpio y engañoso un manejo, de su búsqueda de un difícil equilibrio entre el realismo y la trascendencia al presentar un efecto, o de su propuesta de utilizar la imaginación de un niño que juega a los piratas a la hora de presentarte como mago.

Sin intención de destripar mucho más el contenido de la conferencia, diré que incluye tres impactantes y muy diferentes rutinas en las que intervienen cartas blancas, una inteligente versión de “Las damas culebreantes” de Ascanio y una propuesta de presentación para una rutina de imperdibles. Pero lo más valioso, a nivel de juegos, quizá sea su versión profesional de la “carta colgada” de Pablo Doménech. Quien le haya visto presentarla ante público podrá valorar las reacciones emocionales y las ovaciones que Jose consigue con ella.
Del pensamiento de Jose me llamaron especialmente la atención sus ideas sobre la “trascendencia” (ilustradas con el “chico busca chica” del Expert), su propuesta del “¿vale que yo…?” y la sugerencia de no decir a los espectadores lo que ellos mismos ven y piensan, precisamente para evitar que lo pongan en duda. Y, finalmente, no puedo evitar citar una frase de su rutina de imperdibles: “la trampa es el anhelo de todos y la condena del mago”. Me recuerda su mítica “Carta al número”…
En resumen, ratifico lo que dije a Ángel hace unos días: una conferencia “de diez”, que todavía me tiene que revolver mucho…
4) La gala del Ying y el Yang
Si algo fue la gala del viernes, en mi opinión, fue irregular. Dos artistas, Román García y Alejandro Furnadjiev, de virtudes complementarias. Si pudiéramos reunir en un solo mago la creatividad y el ingenio de Román con el manejo y la soltura escénica de Alejandro, nos encontraríamos frente a un verdadero número uno.
La estructura de la sesión fue sencilla: dos alternancias, sin descanso ni presentador. Se crearon así dos medias sesiones, en las que Alejandro mantuvo un ritmo y un nivel muy homogéneos; Román, en cambio, alternó momentos brillantes con minutos en los que conectaba menos con el público.
Empezó Román García contactando bien, con el divertido monólogo con el que introduce su juego favorito, “La carta escupida”. Sin embargo, el desarrollo del efecto se alargó más de la cuenta, perdiendo el ritmo durante el resto de su primera actuación (nudos viajeros, disminución de abanicos y su compleja rutina “el mal de Kaps”, con la que en otras ocasiones ha hecho vibrar al público).

Mejoró mucho Román en su segunda intervención. Empezó presentando sus creaciones más visuales: “El principio de Samuelson” (moneda en la botella), “Los agujeros viajeros” (que se deslizan y reúnen, en un esquema tipo “matrix”, en una esquina de una carta firmada) y “El muro de cristal” (las damas, firmadas, atraviesan visualmente un pañuelo transparente). Para mi gusto, en esos juegos estuvieron los momentos más mágicos de la actuación de Román, y son lo mejor de su repertorio.
Sin embargo, un Román diferente –desde el punto de vista de la interpretación- despertó en el último momento y puso el auditorio en pie con su recreación de “El mundial de fútbol”. En vísperas del partido de clasificación de España, Román se convirtió en un animadísimo locutor de radio que, tras repartir serpentinas entre el público, retransmitía desde el “Tapete Arena” la final del mundial, entre España y Argentina. Los efectos –viajes de monedas/balones bajo cartas, aparición de una moneda/pelota gigante y transformación de la carta-marcador- quedaban supeditados al fragor de la narración. El público vibró como nunca, llegando a “hacer la ola” cuando el locutor lo pedía. Lástima no tener una foto de esos momentos de locura, sería imprescindible en esta crónica. Román acabó pues a lo grande, “liándola parda”.
El papel de Alejandro Furnadjiev en la gala tuvo una función de contraste con el de Román; sus efectos, directos y desnudos, eran el contrapunto de las elaboradas charlas (científicas y narrativas) de Román. Se presentó Alejandro con una rápida transformación de un billete prestado, para enlazar con la rutina de “cartas al peso” y “memorización del mazo mezclado” que formó parte del repertorio que le hizo merecedor del premio Ascanio. Fantástica, me volvió loco al recitar de memoria… ¡cinco cartas seguidas, hasta llegar a la elegida! Continuó con una entretenida versión del “girando los ases” de Vernon-Elmsley, terminando con una “carta ambiciosa” -de clara influencia tamariciana- con final de “carta a la cartera”.

Cuando Alejandro inició su segunda actuación, por el contrario, se encontró con un público excitado y con ganas de juerga, que venía de presenciar en directo la “final del mundial” de Román. Podría pensarse que eso le resultaría complicado, pero no fue así. Comenzó con una inteligente y divertida versión de la rutina de Slydini de las “bolas de papel por encima de la cabeza”, en la que supo hacer disfrutar en la misma medida al público y a la espectadora-víctima. Retomó las cartas para presentar su ágil rutina de “siguiendo al líder”. En un paréntesis numismático, realizó para la cámara la “moneda en papel de plata”, y cerró la gala con “Las simpáticas diez” de Jörg Alexander, espléndida coincidencia entre las cartas de dos palos en una baraja recién abierta.
En resumen, lo dicho al principio: una gala desigual, en la que Román García puso la originalidad y el punto de locura, y Alejandro Furnadjiev aportó su “oficio” y sus muchas tablas. El público, satisfecho por los buenos ratos de diversión y misterio, se quedó con lo mejor de cada uno. Misión cumplida, pues.

5) Alicante ficcional
Repasando la trayectoria de conferencias y seminarios de estas tres ediciones, no se puede negar que AM se ha consolidado como la “Universidad de verano” de la Magia de Cerca española. Los ponentes, a modo de “catedráticos de la magia”, exponen sus personalísimas visiones de los temas en los que son especialistas. Y los asistentes valoran, precisamente, eso: la personalidad del ponente, su visión de la magia, el uso que hace de su libertad y de su creatividad para llegar a un lugar diferente, para hacer de sí mismo un artista único e irrepetible.

En este repaso, en la espléndida y extensa lista de nombres propios que han compartido sus ideas en Alicante Mágico sobresale uno: Gabriel Pareras, Gabi, que ha encontrado en estos certámenes un auditorio deseoso de aprender de él, de sus dudas, de sus metáforas, de su lucha personal, en definitiva de su propio aprendizaje. Y este año Gabi y Ángel se han atrevido a programar el “tema estrella”, del que tanto habíamos oído hablar pero del que casi nadie sabía concretar nada: la “Magia ficcional”.
Estamos ya en la tarde del viernes. Va a empezar la primera parte del seminario. Se hace el silencio. Se ilumina la pantalla. La voz de Nina Simone interpreta “My way”, mientras se proyectan frases evocadoras… Finaliza la canción, y cuando se espera a Gabi sale al escenario… ¡Ricardo Rodríguez!
Sorpresa. Aplausos. Ricardo lleva una jaula en las manos, que cubre con un vaporoso pañuelito amarillo. Saco mi cámara. Hago dos fotos seguidas. En la primera, está la jaula. En la segunda, un instante después, la seda del pañuelo ha invadido el espacio que ha dejado vacío la volatilización de la jaula. Mis ojos se lo perdieron. Para mi sorpresa, los de quienes estaban mirando directamente las manos de Ricardo, también se lo perdieron. La jaula se había esfumado. Si es que alguna vez existió…
Tras las palabras de Ricardo presentándole, apareció por fin Gabi e inició su seminario, que continuaría durante la mañana del sábado. Y habría continuado durante siete días más, si fuera posible o necesario. Porque Gabi tiene casi tanto pensado y escrito sobre este tema como lo que le queda por pensar y escribir. Porque todo lo que hace y piensa le lleva al mismo sitio, a plantearse su visión de la Magia como arte del presente, de lo efímero, de la sensación imposible de agarrar, de delimitar, y a menudo, de describir con palabras.
Con la “Magia ficcional” a veces parece que ocurre lo mismo que con la Física Cuántica: que cuando crees que la has entendido es que no has cogido bien la idea. En ocasiones parece que miras los pegotes de óleo de un cuadro impresionista, sabiendo que al alejarte descubrirás la belleza de la imagen representada; pero en otras pareces necesitar partir de una perspectiva global, que te ayude a comprender la necesidad de dibujar con pegotes en vez de con un realismo microscópico…
Las notas de “Alicante Ficcional” son imposibles de leer. No por su extensión (más de doscientas páginas), no por su dificultad, no por su nivel de abstracción, no por su anarquía, no por sus esquemas de nudos fractales –en los que al profundizar se llega a otro esquema de igual estructura pero significado diferente-… Son imposibles de leer por la misma razón por la que Gabi no es capaz de resumir sus ideas en un tiempo finito. Porque todas sus ideas son evocadoras, todas están invisiblemente conectadas entre sí y te llevan a laberintos abiertos infinitos, en los que la luz al final de cada pasillo te anima a recorrerlo movido a la vez por el ansia y el miedo de llegar a un destino.

No sé, por tanto, si es un éxito decir que gracias a este seminario sabría definir la “Magia ficcional”, y resumir algunas de sus propuestas fundamentales. Porque, probablemente, si creo haberlas entendido es que no me he enterado bien; pero también en la Cuántica se puede llegar a comprender “de qué va”, aunque por algún lugar te sigan quedando flecos abiertos. Lo que sé es que sería un atrevimiento por mi parte escribir aquí lo que no sería más que mi propia interpretación inicial del tema. No en vano una buena parte de las notas que tomé no se correspondía con las ideas de Gabi, sino con las que dichas ideas habían evocado en mí.
Porque Gabi no te da las respuestas. Más bien te transmite la necesidad de hacerte tus propias preguntas. Y la certeza de que merece la pena disfrutar de esa batalla entre tu cerebro, tu sensibilidad y tu capacidad de crear algo que merezca ser llamado arte. Tus primeras armas, las doscientas y pico páginas. Las siguientes las tienes que escribir tú.
6) Tomando un respiro
Supongo al lector agotado por lo larga y abstracta que se está poniendo esta crónica, por lo que puede ser conveniente hacer una breve pausa. No en vano en Alicante Mágico hay temas que comentar ajenos a las galas y conferencias.

Entre ellos está la “magia de pubs” y la “magia de pasillos”. Lo que pasa es que no soy la persona adecuada para hablar de ambos, porque suelo reservar esos espacios para el descanso, para desconectar y para tener una pizca de vida privada. Así que son otros quienes deberían animarse y escribir “la otra crónica”… No obstante, en esta edición hay un nombre propio que quiero recoger aquí. No sé si habrá sido el “rey de los pubs”, pero seguro que ha formado parte de la “nobleza underground” de AM’10.
Me estoy refiriendo a uno de los magos más afables que conozco: Toni Looser. Estábamos cenando el viernes en el Vips del centro comercial cuando me comentó Miguel AJO: “¿has visto el juego de Toni Looser? Sólo por ese juego ya me ha merecido la pena venir hasta aquí”. Aunque recordaba haber visto a Toni hacer el juego en la última edición de La Barranca –allí le conocí-, no estaba seguro de recordarlo bien. Así que en cuanto vi a Toni le pedí que me lo hiciera, a lo que se prestó gustoso. De hecho, en mis breves ratos de pubs vi que lo hacía continuamente, no sé si algún otro juego se habrá presentado más veces este fin de semana.
Como Toni no ha puesto nombre a su juego, tendré que describir brevemente su efecto, tan “diferente” a otros que hace que muchos magos lo veamos con ojos de profano. Toni te pide que nombres un número y, con el mazo extendido, que insertes una tarjeta en el punto que quieras. Ambas elecciones son totalmente libres. Lo sorprendente es que las dos cartas entre las que está la tarjeta designan el valor y el palo de la que está en el número que has nombrado. ¡Tacháaaan! Felicidades, Toni.

Y también quería nombrar aquí a otras personas o entidades que igualmente forman parte de Alicante Mágico. Empezando por el gran Perete, “dealer” oficial del evento, y continuando por los demás patrocinadores mágicos: el CMIDB, la Dama inQuieta, magiapodcast, y Editorial Páginas. En la medida en que gracias a ellos existe o es mejor este certamen… ¡gracias!
7) Nanomagias
Otro de los alicientes de esta edición de AM era la presentación de “Nanomagias”, primer libro de Román García. El destino anduvo travieso con los transportes, yendo a parar las cajas de libros a un perdido polígono industrial. No obstante, se acabaron localizando y llegaron, calentitos, en el momento justo. Gracias a dos “héroes anónimos” (Ángel Valera y Kiko Pastur, creo) tuvimos la oportunidad de conseguir, firmado y con fecha de “primer día”, este espléndido trabajo.
La conferencia de Román resultó un tanto atípica. El libro y el estado de salud de Román –un tanto griposo- hicieron que el esquema se saliera un poco de lo habitual: Román hacía un juego, explicaba otro, entraba en detalles o variantes de un tercero, etc. De una forma o de otra, asomaron por allí “Los agujeros viajeros”, “La varita de cigarrillos”, “Test de vivos y muertos”, “El viaje a la Luna del Comandante Bouzas”, “El muro de cristal”, “El sueño del alquimista” , “El principio de Samuelson”, “Index”…
Todos ellos, y otros muchos, están en este libro de cuidada y hermosa edición. Su cariñoso prólogo se debe, cómo no, al gran Luis Piedrahita, que se refiere a los juegos y rutinas de Román como “sueños muy bien pensados”. También se incluyen tres ensayos teóricos (sobre la creatividad, sobre las formas de presentar el mentalismo y sobre la “magia narrativa”) y dos curiosos capítulos sobre las aplicaciones del “Wow” y de la mezcla lateral.
Vamos, que es un libro que hay que tener; es muy difícil encontrar tanta creatividad empapando 240 páginas. Y, por si alguien tiene alguna duda… ¡conste que lo he pagado!

8 ) Furnitour
Había –al menos por mi parte, como le comenté en el desayuno a Ricardo Rodríguez- muchas ganas de escuchar la conferencia de Alejandro Furnadjiev. No sólo porque a priori me apetecen todas las conferencias (como dice Jose QSY, son oportunidades inmejorables de conocer realmente a los magos), sino por el carácter tan específico de su magia, del que he hablado al reseñar la gala que compartió con Román García. Y he de decir que mi valoración de su trabajo es muy positiva: la conferencia de Alejandro fue inteligente, honesta, humilde y, sobre todo, muy profesional.
Me sorprendió, para empezar, lo tranquilo que se mostraba; no parecía ponerle nervioso desnudar su concepción de la magia ante un centenar de colegas, ni siquiera cuando un pase o un detalle le fallaba. Las circunstancias no le pesaban, facultad esencial en una persona que vive de subirse a un escenario. Por otro lado, su honestidad y su humildad le salvaron de cualquier crítica: “no soy un mago creativo”, repitió varias veces; “mis juegos son pequeñas modificaciones de ideas que encuentro en los libros”; “debo todo a mis maestros, especialmente a Juan Tamariz”. Plantear las carencias propias y agradecer las influencias, ¿no es ser inteligente?

Pero, ante todo, Alejandro fue profesional: a partir de sí mismo y de su forma de entender la magia, dotó a su conferencia de un contenido muy práctico y, sobre todo, muy interesante, que las notas recogen con fidelidad y -de nuevo- practicidad máxima. Las fotos y el texto explican perfectamente los juegos y las técnicas que escogió para su conferencia. Y he de decir que no buscaba hacer negocio con las notas: me estuvo regañando por comprar dos ejemplares…
La rutina “Memoria al peso”, con la que empezó su actuación en la gala (y que, como ya he dicho, formó parte de la rutina de concurso que le hizo merecedor del Premio Ascanio), es una verdadera joya. Economía de medios, variedad de efectos, credibilidad en la forma de mostrar los “poderes” de sensibilidad y memorización… En mi opinión, lo mejor de la conferencia.
También me gustó la rutina de “siguiendo al líder”, con diez cartas rojas y diez negras, por su simplicidad, ritmo y apariencia de espontaneidad. Alejandro explicó también la versión del “girando los ases” (con carta elegida) de Vernon y Elmsley, su práctica y engañosa versión de la “coincidencia” de Frank García, y una rutina de “sándwich” con dos damas. Por último, habló de una de sus técnicas favoritas, el “salto empalme diagonal”, y de algunas de las variantes y aplicaciones que ha encontrado.
Por todo lo dicho, creo que “Furnitour” es una conferencia que merece la pena. Sencilla, humilde y muy práctica. Y con detalles curiosos, como los consejos que sus parientes violinistas le dieron para emplear el meñique en las técnicas cartomágicas. Gracias por tu trabajo, Alejandro.
9) Viaje alucinante
Bueno, reconozco que acabo de hacer trampa. El título anterior ha sido tomado de una película de los años 60, y no es el verdadero título del espectáculo con el que Javi Santos y Jose QueSoyYo cerraron esta edición de Alicante Mágico. Pero qué queréis que os diga, llamarlo “Un viaje mágico” se me queda tan corto…
Hay veces en que la intensidad de las emociones recién vividas te ciega la perspectiva. Lo vemos a menudo en las sesiones de magia, en las que el último “milagro” tiende a eclipsar los anteriores en la mente de los espectadores, aunque en su momento les hayan impactado más que el que acaban de presenciar. Por eso hay que tener cautela cuando, a la salida de un espectáculo de magia, los comentarios unánimes son del tipo: “es el mejor espectáculo de magia que he visto en mi vida”.

Han pasado cinco días. Digo yo que mi memoria y mi perspectiva han tenido tiempo de recuperarse. Y sigo sin recordar espectáculos mejores, en lo que a belleza e impacto mágico se refiere, que el que Jose y Javi nos regalaron la noche del 3 de julio de 2010. He visto magia más divertida, más cara, más intrigante, más poética… He visto a magos más comerciales, más hábiles… incluso a uno más inteligente que el “viejo zorro” que es Jose QSY. Pero no he visto nunca un espectáculo tan mágico, entrañable, emocionante e inteligente a la vez. Quizá mejorable en los detalles, pero perfecto y redondo en su conjunto.
El uso del vídeo a modo de presentador, de apertura y cierre, de hilo conductor, de apoyo afectivo. Grabaciones sencillas, a veces con cámara de poca calidad. Jugando con el color, el blanco y negro, la música, la ralentización de la imagen. Dejándose acompañar -a través de la pantalla- por las palabras, las miradas y las sonrisas de los amigos, haciéndoles formar parte del mensaje emocional.
La alegría y la imparable progresión mágica del último Gran Premio Nacional, Javi “Smiley” Santos, cuya sonrisa es tan grande y tan poderosa como su magia. La búsqueda de la emoción desde la inteligencia, ocultando la última para potenciar la primera, que lleva años persiguiendo Jose. Las charlas, milimétricamente medidas y revisadas, de ambos. La preocupación por la música, por la estética, el uso de la gestualidad y del humor… el buen gusto, en definitiva, como fin y como medio.

La habilidad y el ensayo necesarios para llegar al objetivo marcado, que no es otro que armonizar, potenciándose, el efecto y la emoción; la capacidad –técnica y psicológica- de resolver problemas sobre la marcha; la humildad y la capacidad crítica para rodearse de amigos que se atrevan a discutir sus opciones; la admiración hacia los maestros, y las horas de estudio crítico de sus obras; el inconformismo, las ganas de superación, la búsqueda constante de nuevos retos…
No quiero relatar el desarrollo del espectáculo, me gustaría que cada vez que Javi y Jose lo presentasen fuera visto con ojos nuevos, sin más expectativa que la simple predisposición al disfrute. Pero, ya que escribo para magos, me veo obligado a decir que la cantidad y la calidad mágica del espectáculo son impresionantes. Jose se apoya en las cartas, Javier apenas las utiliza. Sin el corsé de las reglas de los concursos, ambos se atreven con sus respectivas rutinas de Zaragoza y Valencia; la de Jose la había presenciado muy de cerca, en varias ocasiones. Pero era la primera vez que veía la “rutina de los espejos” de Javier. Menuda maravilla, cuánta belleza, cuánta sorpresa y cuánta magia juntas. Jose nos hace creer que es el amor –y no el mago, o el truco- lo que hace que los amantes se encuentren, en condiciones casi imposibles. Javi hace que dos objetos desaparezcan instantáneamente de dos sitios diferentes, para viajar a un tercero, sin que los ojos de mago le ayuden lo más mínimo a saber cómo lo ha hecho. Y tantísimas cosas más…
O, lo que es más mágico aún, Jose y Javi consiguen que el “caballo lógico” del espectador –mago o profano, da lo mismo- sepa desde el principio que no tiene nada que hacer, y se convierta en un “caballo sensorial” que, sin perder jamás la cabeza y sin renunciar a ninguno de sus sentidos, disfrute emocionado de alas invisibles que le levantarán sobre el suelo y le llevarán hasta el anhelado “arco iris mágico” del que hablaba Tamariz.

Creo que ya he dicho lo suficiente, quizá haya dicho algo de más. Pero espero que haya quedado claro que pueden existir espectáculos de magia tan “algo” como este, en algún aspecto. Pero yo no he sentido jamás tanto amor y tanto respeto por el Arte de la Magia como aquella noche de julio, en Alicante. Gracias, Javi. Gracias, Jose. Gracias, Ángel.
Espero no perder nunca mi entrada; la necesito para presumir.
